El fino lomo de #Chandaleras esconde una bomba explosiva en su interior: el deporte puede descomponer los roles de género hasta ahora establecidos. Hablamos con Ana Pastor, autora del ensayo que reivindica la práctica deportiva como herramienta para conquistar los cuerpos y los espacios.

Posiblemente la estampa del patio en el que Ana Pastor (Alicante, 1988) se raspó las rodillas en los años 90 fuera muy similar a las del resto del país: en el recreo los chicos ocupaban el centro del espacio para jugar al fútbol y los márgenes quedaban reservados para que las chicas jugaran a la comba o cualquier otro juego de chicas. Porque, según propone esta licenciada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, históricamente han existido deportes de niños y deportes de niñas.

Ana pastor fue una de esas niñas que se saltó la frontera imaginaria y se puso a jugar al fútbol. Por suerte era buena pero era la única, así que en el instituto dejó de participar y nunca llegó a competir en ligas regladas. Aquella fue, según nos cuenta, una espina que se le quedó clavada y posiblemente también el motor que comenzó a gestar la idea de borrar esa absurda línea divisoria que delimitaba los deportes que podían practicar las mujeres (como la gimnasia rítmica o natación sincronizada) de todos los demás. La chispa final la puso el feminismo y así la herida se convirtió en #Chandaleras (editado por Piedra Papel Libros), un texto preciso y agitador que propone que sudar la camiseta es una manera de apropiarse del espacio y hacer eso que tanto resuena últimamente como es “empoderarse”.

Nos ha gustado de #Chandaleras que permite perderle el miedo a toda la terminología relacionada con las cuestiones de género y explica, con un lenguaje disponible a todos los públicos, conceptos como géneros disidentes o feminidad obligatoria. Le preguntamos, además, por su propuesta ante la –vetusta, según ella– división entre categorías masculina y femenina de las competiciones deportivas y dónde cree necesario poner el foco para apoyar el deporte femenino.

¿De dónde nace la idea de escribir #Chandaleras?
Desde pequeña he practicado actividad física, en concreto fútbol, y siempre recibía miradas de desaprobación. En ese momento era la única que jugaba y aunque entonces no tenía las herramientas para explicarlo, sabía que algo pasaba. Atravesar mis experiencias con el feminismo y los estudios de género me dio la clave: me miraban mal porque era una niña haciendo un deporte de niños, estaba pasando una barrera, estaba haciendo algo que no me correspondía hacer por mi género.

Quería hablar de la influencia que el género tiene en el deporte que practicamos y ahí es cuando me di cuenta de que esa relación también podía ser a la inversa, que el deporte puede influir en el género, por los cambios corporales que se consiguen con su práctica, y por tanto también en quién eres.

Portada de #Chandaleras
Ser una chandalera es más que un hashtag, es una actitud.

 

¿Y cómo surge el propio término de “chandaleras”?
Fue gracias a Diego Marchante, un profesor que tuve. El chándal es por excelencia la prenda deportiva más utilizada y con el hashtag chandaleras quería englobar a todas aquellas que, con su físico, movimientos, comportamientos y actitudes, rompen con los estereotipos de género. Y construir así una comunidad de chandaleras.

Pregunta para legos, ¿nos puedes explicar la diferencia entre sexo y género?
El sexo es una categoría que nos asignan al nacer según una serie de factores fisiológicos como los genitales, las hormonas y los cromosomas XX, XY o múltiples combinaciones en la intersexualidad. El género es lo que se espera de nosotras según nuestro sexo asignado al nacer y está condicionado según la época y la cultura en la que nos desarrollamos. Serían las expectativas que tiene la sociedad sobre conductas, pensamientos y características.

¿Y a qué te refieres cuando hablas de géneros disidentes?
Géneros disidentes son todos aquellos que no pueden encasillarse en el sexo asignado al nacer y en el género esperado. Es decir, quienes no cumplen con la división binaria del género, como las personas trans, personas no binarias, etcétera.

En #Chandaleras hablas de que hay deportes para mujeres y para hombres, ¿consideras que sigue siendo así?
Históricamente ha existido la necesidad de apartar a la mujer de las prácticas deportivas, aludiendo a argumentos fisiológicos para tal fin. De la misma manera han existido impedimentos que han intentado “generizar” el deporte –según el Instituto Europeo de la Igualdad de Género, el término generizar hace referencia al “proceso de socialización de acuerdo a las normas del género dominante”–.

Al final el deporte no tiene género. Lo que nos intentan vender es que las mujeres tenemos que practicar deportes más asociados a la estética, como gimnasia o natación sincronizada, y los hombres deportes más agresivos como el boxeo o el rugby para que todo quede dentro de esos dos roles establecidos.

Cuando pienses en correr como una chica y no sea con un gesto torpe y de mofa, entonces los roles de género estarán superados.

¿De qué manera se manifiestan los roles de género en el deporte?
Para las mujeres son cosas como que no ocupe espacio, que pase desapercibido, que no sea fuerte, musculado, que no moleste y esté en un segundo plano.

En El Cohete hicimos una encuesta sobre microagresiones y el 40 por ciento de las personas encuestadas afirmó haber sufrido discriminación por motivos de género. Y sin embargo, hay mucha gente que piensa que ya hemos superado esto de los roles, ¿tú qué opinas?
Bueno creo que esos datos hablan por sí solos y, si fuera así, #Chandaleras no existiría ni tampoco la encuesta. Creo que son conceptos que tenemos muy atravesados y que con algo de sentido crítico podemos ir desprendiéndonos de ellos. En el momento en que pienses en correr como una chica y no sea con un gesto torpe y de mofa, creo que entonces estará superado. Hasta que llegue el día en que no sea llamativo que haya escaladoras en los rocódromos o que sus bíceps dejen de llamar la atención, el trabajo no estará hecho.

¿Y por qué son tan importantes los referentes?
Son importantes porque te permiten verte reflejada y cuestionar el discurso. Si hay más mujeres en la enseñanza de técnicos de escalada estás transformando algo ya, porque van a ofrecer otros puntos de vista y otras aportaciones que no sean las hegemónicas y androcéntricas.

Toda esta movida deportiva es una catarsis a la feminidad hegemónica de debilidad, vulnerabilidad, espacio privado…, es la importancia del movimiento para subvertir nuestra identidad.

#LikeAGirl

En tu ensayo propones que el deporte es el artefacto que nos puede ayudar a cambiar esos roles, ¿de qué manera?
Aprendemos a habitar el cuerpo con esa serie de prohibiciones que te mencionaba antes. El deporte o, mejor dicho, la actividad física, puede ayudarnos a torcer esos roles cambiando lo que se espera de nosotras. El deporte puede suponer una forma de empoderamiento, que luego va a tener su reflejo en nuestra forma de ocupar el espacio, con actitudes que se escapen de la debilidad y la sumisión, nuestra forma de movernos. Y eso supone un desafío. El desarrollo motor es una parte de nuestro desarrollo integral que no podemos olvidar.

Una frase que me gusta mucho de Sara Ahmed leyendo a Iris Marion Young en un ensayo que se llama Throwing like a girl, dice: “Las chicas terminan ocupando menos espacio por lo que hacen y por lo que no hacen. Las chicas terminan reprimiéndose por contener el uso de sus cuerpos”. Al final parece que estemos enclaustradas en lo que podemos y no podemos hacer.

Todo esto acaba rompiendo porque nos saltamos esta expectativa con un cuerpo musculado o sudoroso, que se escapa de una actitud sumisa, también con sus movimientos. En Throwing like a girl mencionan la diferente manera de tirar la pelota que había entre niños y niñas. Es súper potente que veamos romper con esa actitud, que utilicemos el cuerpo en su potencial entero.

O también un pogo –baile caracterizado por buscar chocarse y empujarse contra las otras personas que están bailando–, ¿qué hay más potente que empujarte con todo el mundo con tu cuerpo y ocupar todo el espacio?

Creo que toda nuestra capacidad de movimiento está muy cohibida. Y la práctica deportiva puede ser un medio para ir más allá de todo esto. No es solo el hacer deporte y ponerse fuerte y musculosa, que está muy bien. Es más bien una actitud del día a día: cómo caminas por la calle, tu presencia corporal, cómo se te percibe…

Bikini Kill y su temazo "Rebel girl"
Definitivamente fue Kathleen Hanna, cantante y líder de Bikini kill, quien en los años 90 popularizó el grito de “Girls to the front!”. Con él lo que quería es que las chicas pudieran acercarse al escenario y los chicos se quedaran al fondo para que así ellas también pudieran bailar en pogos seguros sin morir aplastadas por sus compañeros.

 

Sin embargo, el debate de las diferencias biológicas entre mujeres y hombres siempre sale a relucir cuando hablamos de fuerza y rendimiento.
Necesitamos romper con el discurso de que un hombre cis –individuos cuya identidad de género coincide con su sexo– va a ser más fuerte que una mujer. Desde el punto de vista fisiológico, el sistema endocrino, el aparato cardiorrespiratorio, la tipología muscular, son factores que tenemos que tomar en conjunto y no uno a uno y eso marcará la diferencia. Otro factor es el entrenamiento que tú hagas. Alguien, por ser un hombre, no va a ser más fuerte, hay que intentar romper con ese discurso que es limitante, si no al final tampoco existirían las olímpicas. No estoy de acuerdo y es la rama a la que se agarran para defender todo esto.

La categoría de masculino y femenino al final reafirma todo este discurso porque tiene que existir todo esto para que ellas tengan algún resultado, que también es un pensamiento muy paternalista. Vamos a sentarnos y ver si eso es verdad.

Por ejemplo, no todo el mundo va a practicar baloncesto, porque fisiológicamente no puede hacerlo. Los deportes tienen unas condiciones y características y habrá ciertos cuerpos que tendrán unas habilidades fisiológicas por su entrenamiento por las que van a destacar pero, ¿influye tanto el género? Yo al menos me lo pregunto.

Criticas la segregación en categorías femenina y masculina ¿Propones que estas categorías deberían eliminarse y participar todas las personas en una categoría única?
No, lo que propongo es debatir y cuestionar por qué en cualquier otra disciplina esas dos categorías nos resultarían anticuadas y obsoletas y por qué en el deporte las aceptamos y cumplimos sin cuestionarnos si el beneficio que nos aportan es real. Parece que en el deporte y la actividad física nos estamos creyendo ese discurso limitante, ese mantra de la inferioridad fisiológica sin entrar a discusión y ver si nos afecta tanto cómo nos dicen. Es un argumento como de protección a la mujer.

Propongo que seamos inconformistas e impertinentes, que creamos en el potencial deportivo que tenemos y que no exista el deporte y luego el deporte de mujeres.

Estas categorías estancas nos discriminan porque las categorías femeninas están peor pagadas, tienen menos difusión y son las que menos ayudas públicas reciben. Su repercusión está limitada a los logros de las deportistas olímpicas y cuando se acaban las Olimpiadas nunca más sabemos de ellas.

Propongo que seamos inconformistas, que seamos impertinentes, que creamos en el potencial deportivo que tenemos las mujeres y que no exista el deporte y luego el deporte de mujeres. Que cuando pienses en esa palabra no pienses en deporte y en hombre, sino en general, y que no se utilicen las categorías femeninas para quitarnos valor e importancia. Que dejemos atrás ese discurso que nos debilita acerca de que un hombre cis, por el hecho de serlo, es más fuerte que una mujer. Además, el deporte competitivo tal y como lo conocemos incluye a las mujeres desde hace solo cien años.

Lo que propongo es que utilicemos la práctica deportiva para desestabilizar el reparto de roles en el pastel de género. Hay que darle una vuelta al género por medio del deporte.

¿Cómo imaginas que podían ser esas categorías?
Habría que abrir el debate y pensar cómo sería establecer categorías físicas por estatura, por corpulencia, por envergadura o por peso, como hacen en boxeo. Y si queremos, por los niveles de testosterona, ya que está siendo tan polémico. Porque hay deportistas, hombres cis, que tienen menos nivel de testosterona que algunas mujeres.

Lo que pasa es que solo se hacen análisis a las mujeres o a las sospechosas de no ser mujeres. No tenemos muchos datos de los niveles de testosterona en los hombres. Igual nos sorprendemos y vemos que hay mujeres que lo tienen superior. ¿Y qué pasa, esos hombres ya no son hombres porque sus niveles de testosterona no llegan a ese mínimo?

Actualmente: ¿qué pasa con las personas no binarias que quieren competir de manera profesional?
Al final el deporte es deporte y lo van a practicar mujeres, hombres, personas no binarias o trans* que entrenan para conseguir resultados. Creo que hay que abrir miras y crear propuestas que exploren en qué medida sería posible otro tipo de competiciones.

No es algo tan extraño porque, por ejemplo, en el deporte infantil niños y niñas compiten juntos y en la selección de rugby sub19 muchas chicas son convocadas en categorías masculinas. Hay que cuestionarlo porque si yo te digo literatura de chicas y de chicos me mirarías raro porque chirría, pero a nivel fisiológico no se cuestiona.

Actualmente hay mujeres deportistas que están teniendo trabas para competir en la categoría que tienen asignada, como es el caso de Caster Semenya; significa que en estos momentos es hora de replantearse cosas. También hay personas que no se ajustan a los estereotipos bipolares del género, que son no binarias, y profesionalmente quedan desasistidas y sin categoría deportiva en la que desempeñar la profesión del deporte.

Caster Semenya
La atleta sudafricana tiene loca a la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF en sus siglas en inglés). Su cuerpo produce de manera natural más testosterona y ha llevado su caso al Tribunal Internacional de Derechos Humanos.

Caster Semenya produce, de manera natural, niveles de testosterona por encima de los 5 nanomoles máximos estipulados por la IAAF para competir. Su caso está siendo muy polémico.
Lo que le proponen a Semenya es algo muy loco. En esas distancias –la atleta sudafricana es especialista en 800 metros– hay muchas mujeres que tienen hiperadrogenismo y hay casos anteriores que no han sido tan mediáticos.

Le dan tres opciones. Una es que cambie de prueba, con lo que supone eso para una deportista de élite. Otra es que se dope a la inversa, es decir, que tome hormonas para reducir su nivel de testosterona que su cuerpo segrega de manera natural. O sea, que estamos creyendo en la biología cuando nos interesa. Caster nombra mucho a Michael Phelps, que tiene una brazada superior a la de todos los demás nadadores. A él, a nivel biológico, se le ve como una excepcionalidad, ¡nunca se le va a decir que se opere los brazos! Sin embargo, a Caster le dicen que se dope sin vergüenza. La tercera solución que le propone el Comité Olímpico es que se pase a la categoría masculina.

Su caso está pendiente de resolución en el Tribunal de los Derechos Humanos, a ver qué solución le dan. Ahí está la polémica.

A pesar de que ahora mismo está congelada, ¿cómo afectaría la propuesta de Ley Trans a las competiciones deportivas?
Bueno, en 17 comunidades ya existen leyes que regulan este tema y que permiten competir sin hormonación ni cambio en el registro. Lleva pasando desde hace más de siete años y no ha pasado nada. En el ámbito nacional va a ser simplemente un salto. En Argentina, que sí está la ley más asentada, lleva la gente ya nueve años compitiendo y no ha pasado nada. Las personas trans no son tus enemigas, es este sistema.

Me encantaría que las personas que tienen estos discursos se preocuparan tanto por los derechos de las mujeres en el deporte con tanto énfasis como hacen con este tema: para las becas que no existen, el material que utilizan las chicas, qué pasa cuando las deportistas se quedan embarazadas, cuántas mujeres viven del deporte, etcétera. Es decir, que usen su posición política para obtener un beneficio común que nos hace falta, y no para atacar al resto. Se acuerdan del deporte cuando les hace falta.

¿Por qué es tan transgresor hacer deporte para las mujeres?
Uno, porque permite la ocupación del espacio público haciendo algo que no es lo que se espera de nosotras y dejando el espacio privado en un segundo plano.

Dos, porque el deporte moderno fue creado por hombres blancos burgueses y practicarlo es una forma de apropiarnos de una práctica que en su nacimiento, ¡oh sorpresa!, no pensaron que la íbamos a hacer nuestra.

Tres, porque nos puede alejar de ser objeto de agresiones, de que se nos perciba como sujetos débiles que necesitan protección y que son blanco de ataque. Que el deporte sea una semilla y que nos podamos llevar a la calle la práctica deportiva. Si tenemos ese control corporal, ¿podrá ser que seamos menos objeto de agresiones? ¿Podrá cambiar esa percepción de la mujer?

Cuatro, nos da la posibilidad de cambiar el discurso y por tanto de construir a las mujeres desde otro punto de vista diferente del originario.

Cinco, porque hacer actividad física permite escapar de imposiciones corporales y estereotipos sexistas, permite la oportunidad de experimentar con la corporalidad, transformando los cuerpos en activos y vigorosos. Y todo eso no es algo sin importancia, porque desde aquí construyes un discurso con otros referentes.

En ‘Promising young woman’ la protagonista le calla la boca a los pesados con solo una mirada.

 

¿Conectas el deporte y la posibilidad de reducir las agresiones?
Es algo sobre lo que estoy escribiendo, quiero indagar ahora en estos cuerpos debilitados y cómo eso se refleja en cómo nos ven y qué pasaría si fuera diferente. Hice varias entrevistas a diferentes mujeres de diferentes edades y parece que todas coincidimos en que nos sentimos enclaustradas y eso parece que nos hace proclives para recibir agresiones.

En la película de Promising young woman –ganadora del Oscar al Mejor guión original– hay un ejemplo de esto que refleja lo que quiero contar con el próximo texto: aparece la protagonista caminando por la calle, son las 7 de la mañana y hay gente en una obra y se ponen a hacerle comentarios del tipo: “Ey guapa ¿a dónde vas?”. ¿Y qué hace ella? Se gira, les enfrenta con la mirada, no dice nada porque no hace falta. Les desafía, no les sonríe, no se va corriendo y son ellos los que dicen: “Deja de mirarme, me estás haciendo sentir incómodo”. Esa escena refleja a dónde tenemos que llegar. El deporte tiene mucho más potencial y se refleja en la presencia de nuestra corporalidad.

¿Crees que la gente joven tiene más herramientas para cuestionar los roles de género?
Sí totalmente, están abriendo unos caminos maravillosos, están creciendo con más referentes y creando más referentes de los que nosotras pudimos. Creo que tenemos que quitarnos prejuicios y ver a la gente más joven como una guía en este proceso.

El arte tiene mucho impacto en nuestras vidas. Le pedimos a Ana Pastor que nos haga una selección de libros y pelis –a poder ser relacionados con el deporte– donde los roles de género salten por los aires. 

Amazonas mecánicas: engranajes visuales, políticos y culturales.

Tatiana Sentamans da un repaso desde la dictadura de Primo de Rivera hasta la II República de cómo ha evolucionado la práctica deportiva de la mujer moderna. La autora firma, además, el prólogo de #Chandaleras. Ana Pastor nos recomienda también cualquier lectura de Claude Cahun, Hannah Hoch o Maruja Mallo, que aparecen citadas en el escrito de Sentamans.

Neverhome

Neverhome. (Ella era más fuerte).

Laird Hunt nos cuenta una historia algo insólita, la de Ash Thompson, una de las 400 mujeres que lucharon en la guerra civil norteamericana. Según el autor, escribió Neverhome porque estaba cansado de las historias bélicas donde «las mujeres son santas y ángeles y los hombres son valientes y nobles muchachos».

Temporada de rosas

El fútbol es cosa de chicas y así lo demuestra Barbara, la protagonista en este cómic de Chloé Wary. Su equipo se tiene que partir el lomo después de que les retiren las subvenciones para promocionar al equipo masculino en su lugar.

Pippi, la niña más fuerte del mundo. 

La editorial infantil Kókinos recupera al personaje creado por Astrid Lindgren, la mítica Pippi Calzaslargas. Es increíble cómo, a pesar de haber visto la luz a principios de los años 40, Pippi sigue siendo un referente capaz de romper los estereotipos acerca de lo que existe ser una niña con su espíritu independiente, creativo y libre.

Yo, TonyaYo, Tonya

Es un placer poder ver protagonistas que se salen del prototipo de chicas buenas con mejor o peor suerte. Si le sumamos el ingrediente de que esta historia está basada en hechos reales, el interés se multiplica. La patinadora artística Tonya Harding fue sospechosa de haber tratado de eliminar (en el sentido más matón de la palabra) a su principal oponente para los Juegos Olímpicos de 1994.

Boxing for freedomBoxing for freedom

Seguimos con las historias reales. Esta vez es la boxeadora Sadaf Rahimi, quien empezó a pelear en su Afganistán natal a los 13 años, quien protagoniza estas grabaciones casi familiares para ilustrar su lucha no solo en los cuadriláteros, donde se ha convertido en la mejor boxeadora, sino también por la libertad.

Tánger goolTánger gool

A los partidos en los que participa Fátima no va mucha gente. En en el tangerino barrio de Bir Chifa a la gente le interesa más lo que hacen el Real Madrid o el Barça, no un grupo de mujeres. A pesar de la falta de apoyo, Fátima y sus amigas deciden organizar un evento en la ciudad para competir contra un equipo español.

Mi nombre es BaghdadMi nombre es Baghdad

Baghdad es una de esas chicas que se atreve a pasar la frontera para meterse en un mundo de chicos, el del skate. Con su tabla merodea y fluye por las abarrotadas calles de San Pablo sin esquivar temas como el machismo o la violencia. Un retrato de una adolescente donde se mezclan la distancia de las relaciones y la sororidad.

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