El vestíbulo estaba lleno de aspirantes al curso de Técnico Deportivo de Escalada nivel 2. Alrededor de 40 personas esperaban mientras se pasaba lista antes de enfrentarse a las pruebas de acceso. 40 personas, un récord en las últimas ediciones para esta formación. ¿Y sabéis qué? No había ni una sola mujer. Lo que sigue son mis indagaciones para descubrir los motivos por los que hay tan pocas mujeres en el mundo profesional de la montaña.

Estoy sentada en una cafetería tomando notas para este reportaje. Una mujer trabajando como periodista es ahora algo habitual pero hace 50 años era como ver un cachalote en una granja de pollos. De hecho, desde que escalo me he planteado varias veces que, de haber nacido en otra época, no habría olido ni de lejos el perfume de la goma cocida de unos pies de gato. Porque si la primera periodista en España tuvo que firmar con pseudónimo para poder publicar, una mujer que quisiera trepar tendría, como poco, que ir disfrazada de hombre.

Si la presencia de las mujeres está cada vez más normalizada en muchos sectores, ¿qué pasa con la escalada? ¿Qué sucede -o no ha sucedido aún- para que no haya más mujeres trabajando como técnicas, equipadoras o entrenadoras? Echo mano de los números de Sputnik y compruebo que un 30% de nuestro público son mujeres. La misma cifra nos ofrece la Federación Madrileña de Montaña, las mujeres suponen un tercio del total de federados. Así que, ¿dónde está ese porcentaje cuando buscamos una profesional en nuestros rocódromos?

Les pido a Rebeca Morillo y Mari Alarcón que se sienten conmigo. Ellas trabajan como técnica de escalada y equipadora respectivamente en Sputnik. Quiero saber si la suya sigue siendo una profesión de hombres. Ambas asienten. Al parecer sigue habiendo infinidad de prejuicios respecto a las mujeres en el mundo de la escalada. ¿Una muestra?

Rebeca Morillo durante una formación interna de técnicos de escalada de Sputnik; entre ellos, Sara Richart.

 

A las mujeres se nos dan bien los niños

“La primera vez que trabajé en un roco me pusieron a dar clases con niños”, recuerda Rebeca. “No me gustaba y en el siguiente tuve que dejar claro que quería clases con adultos. Cuando eres mujer se da por hecho que te tienen que gustar los enanos”, nos cuenta la responsable de los entrenamientos de Sputnik que, según me cuenta, nunca ha tenido problemas con los clientes por ser mujer. Sin embargo, tiene dudas de que sus compañeros hayan tenido que enfrentarse a determinadas situaciones, como la de aguantar a un tipo explicándole cómo se hacen los press de banca. “Algunos hombres dan por supuesto que, por ser mujer, saben más que tú”, añade la licenciada en INEF.

En el caso de las equipadoras la lista de prejuicios toma tintes catastróficos. Las razones que le han dado a Mari para no contratarla como setter es que podía levantar menos peso (como si a los hombres les midieran el bíceps antes de firmar un contrato), que solo iba a utilizar presas pequeñas porque no podía con los volúmenes grandes o que se iba a limitar a probar los bloques fáciles, lo que resulta gracioso si estás hablando con la campeona de la Copa de España de Bloque de 2018. “Para diseñar un bloque hay que tener nivel para probarlo, ver que sea homogéneo, pero no es necesario encadenarlo”, apunta Mari. Igual que una entrenadora no tiene que hacer un triple mortal para poder enseñárselo a una gimnasta.

Mari Alarcón, TD2 de Escalada y equipadora.
Mari Alarcón, TD2 de Escalada y equipadora.

 

Según su experiencia, aún faltan mujeres por incorporarse a los distintos niveles profesionales y Mari apunta: “Si sabes que te van a poner trabas para contratarte, muchas mujeres pensarán: ¿para qué voy a formarme?”. La respuesta nos la ofrece el público que cada día se acerca a nuestro rocódromo.

De los sótanos de barrio a las naves industriales

El negocio de la escalada ha cambiado mucho en los últimos años. Hay mucha diferencia entre las naves repletas de vías y bloques identificados por colores, y los sótanos que hace décadas montaba los amigos del barrio con paneles ultra desplomados y presas que apenas se podían agarrar con las uñas. En aquellos ambientes no había muchas mujeres y si las había, era poco probable que les ofrecieran un taladro para empezar a probar sus primeras propuestas de bloque, cosa que sí podía ocurrir siendo hombre. “Al no existir una formación reglada a la que acceder, no es fácil introducirte en este mundo”, cuenta Mari.

El público que acude al rocódromo es cada vez más amplio. No van solo los machacas que quieren ganar fuerza de dedos para encadenar un 8a en Cuenca. De hecho, esa clientela es mínima. Hoy en día mucha gente se apunta como quien va al gimnasio y en lugar de hacer spinning se calza el arnés. Sin embargo, en este sentido, el sector no ha evolucionado: en algunos rocos siguen predominando los pasos morfológicos (los que solo puedes sacar si posees determinada estructura física), los desplomes inhumanos y las presas ínfimas. “Hay otra demanda por parte del público. Se busca más técnica y coordinación, no solo bloques físicos. Y para eso es esencial que haya una mujer en el equipo de setters, porque aporta un punto de vista distinto a la manera de equipar”, apuntala Alarcón. “La evolución es buscar más la técnica, definir bloques que puedan llegar a más gente”, concluye. Parece necesario incluir más mujeres en los equipos de trabajo.

En las competiciones las cosas también han cambiado. Afortunadamente. Aunque no suele haber equipadoras en los equipos encargados de preparar las pruebas, al menos ahora se crean bloques distintos pensando en mujeres y hombres. “Antes se equipaba pensando en los hombres”, recuerda Mari, “y solo se añadían algunas presas más cuando tocaba el turno de las mujeres”.

¡Tenemos que darnos bombo, chicas!

Imagina que coges el Metro para volver a tu casa y, al entrar en el vagón, descubres que solo hay hombres. Seguramente mirarías a los lados, pensando que algo no va bien. Sin embargo, eso no ocurre cuando asistimos a una charla de escalada. Nos parece normal que todo sean hombres. De hecho, existen iniciativas como No sin mujeres donde profesionales de diferentes ámbitos se niegan a participar en aquellos congresos donde no haya representación femenina.

Para la entrenadora Eva López, si no hay mujeres en medios y eventos no es posible que haya más presencia femenina en el mundo de la montaña. “No nos damos suficiente publicidad. Estamos en un momento en que no somos tan visibles en algunas profesiones para las que tenemos las mismas competencias. Pero como no se nos conoce, no se nos llama. Y por eso no se nos conoce”. Es la pes(c)adilla que se muerde la cola. Por eso en Happy Fingers, su aplicación para entrenar la fuerza de dedos, el 75% de las fotos son de escaladoras.

Eva López (izquierda) e Inma Garrido durante una formación de entrenamiento de escalada en Sputnik.
Eva López (izquierda) e Inma Garrido durante una formación de entrenamiento de escalada en Sputnik.

 

Y por eso López también defiende que las escaladoras se hagan más mediáticas y publiquen sus ascensiones, tal y como hace Emma Twyford, primera británica en encadenar un 9a. “Hablar de la primera ascensión femenina a una vía es una manera de lograr una cuota”, comenta. “Para las niñas es importante oír que hay una mujer haciendo 9b. Es una referencia. Lo que pasa es que no se construye la misma mitología con mujeres que han alcanzado ese grado que con hombres que han hecho un 9c”, asienta López. Sí, Adam Ondra es un semidiós pero, sin buscarlo en el móvil, ¿podrías decir el nombre de la primera mujer en encadenar un 9b*…?

Montañas de prejuicios

Miriam Marco es la primera guía de Alta Montaña TD3 titulada en España. Los otros 147 guías son hombres. “El problema que yo encontré en la formación es que esperaban a un guía y yo era una guía”, me explica por teléfono. “Esperaban una manera masculina de actuar. Me decían, por ejemplo, que dudaba. Y no dudo, es que tardo dos minutos más en tomar una decisión porque valoro más opciones”. Tal y como lo cuenta, existen unos parámetros acerca de lo que significa ser guía de alta (o equipador o técnico de escalada) y salirse de esos límites –siendo mujer, por ejemplo– tiene su sanción.

Marco suele guiar con empresas francesas. Allí las mujeres también escasean en la profesión (hay 30 sobre 1.500), pero al menos Miriam constata un mayor interés por revertir la situación: “Han buscado a más profesoras para las formaciones –en sus siete años de formación jamás ha tenido a otra mujer como profesora– y eso se nota en las pruebas de acceso”, comenta. Es decir, buscar representación femenina en los diferentes ámbitos del deporte (federaciones, asociaciones de guías, escuelas de formación, etcétera) influye en que más mujeres se vean a sí mismas como técnicas, equipadoras o expedicionarias.

Miriam Marco, actualmente la única guía TD3 de Alta Montaña de nuestro país. © Col. Miriam Marco

 

Si eres mujer, pagas doble

Mientras terminaba de cualificarse como guía, Miriam preparó una encuesta dirigida a deportistas para conocer qué impedimentos y facilidades encontraban para practicar deportes de montaña. Terminaron por responder más de 2.400 mujeres y una de las conclusiones fue la dificultad de compaginar el cuidado familiar con la práctica de un deporte: “Socialmente está mal visto que una madre abandone a sus hijos para hacer una expedición –u otra actividad deportiva– mientras que a los hombres se les elogia”, concluye.

De esa sanción sabe mucho Chus Lago, primera persona de nacionalidad española en alcanzar en Polo Sur en solitario. “El factor social influye en que haya tan pocas mujeres haciendo alpinismo. En mi época ese factor era aún más fuerte pero me lo salté”. Lago fue la primera española en ascender al Everest sin oxígeno suplementario y durante mucho tiempo se encontró con ser la única mujer en el campo base. Decían de ella que era la guinda del pastel, ¿creéis que le decían eso a los polacos o ingleses que había por ahí?

Chus Lago en 2009, durante su expedición en solitario al Polo Sur. © Col. Chus Lago
Chus Lago en 2009, durante su expedición en solitario al Polo Sur. © Col. Chus Lago

 

Al regreso de su expedición al Everest, Lago encontró que un periódico informaba de su recién conseguido ochomil con una minúscula foto en la esquina de una portada. Y a toda página, la recién elegida miss del momento. “Afortunadamente las cosas están cambiando”, respira Chus desde Chicago, donde ha vuelto después de su última expedición integrada solo por mujeres al lago Baikal.

 “Los chicos de veinte años no entienden el feminismo como una agresión”, apunta también Miriam Marco, “sino como algo necesario para sentirnos más cómodos”. Eso es algo en lo que confluyen todas las profesionales con las que me he entrevistado, que las generaciones futuras auguran buenos cambios. En este sentido, la autora del libro “Feminismo vibrante” (Roca Editorial), Ana Requena, afirma en una entrevista: “Creo que si los hombres no abordan esto como un punto de su agenda, no sé hasta qué punto vamos a poder seguir avanzando en determinados asuntos que nos importan mucho”. Habla de la pedagogía del feminismo pero podría estar hablando de la visibilización de las profesionales de la escalada perfectamente.

Andrea Cartas, directora del Programa de Tecnificación de Escalada de la Federación Madrileña de Montaña (FMM), sostiene que vamos por buen camino pero que los cambios llevan su propio ritmo: “Llevo entrenando a escaladores más de diez años y es la primera vez que tengo el 80% de mujeres y 20% hombres. ¡Ahora las chicas quieren entrenar más fuerte!”, me cuenta por teléfono Andrea, la única mujer con un puesto de mando en una federación española. “Sé que mi presencia aquí puede servir a otras mujeres para tener un referente y que meterse en una federación les atraiga”, afirma.

Andrea Cartas (de pie, a la izquierda) junto al equipo del Programa de Tecnificación de Escalada Deportiva de la Federación Madrileña.
Andrea Cartas (de pie, a la izquierda) junto al equipo del Programa de Tecnificación de Escalada Deportiva de la Federación Madrileña.

 

El hecho de que cada vez haya más niñas pequeñas escalando líneas difíciles y más referentes que vayan abriendo camino hará que esta escasa representación en el mundo laboral vaya disminuyendo. Y necesita de la intención de todos. Porque, como decía la activista y escritora norteamericana bell hooks (así, con minúsculas): “El problema es el conjunto del pensamiento y la acción sexista, independientemente de que lo perpetúen mujeres u hombres, niños o adultos”.

Que los genitales no te impidan ver la situación

Reconozcámoslo, no siempre tenemos claro si ese comentario que hemos hecho a una chica o esa actitud ahonda en el sexismo o no. Pero partimos de la base de que, si has llegado hasta este punto del artículo, tú también deseas terminar con este lastre. Por eso te contamos un truco rápido e indiscutible para saber si un comentario o actitud tiene tintes de género: imagina que ese mismo comentario se lo haces a un chico. Si te suena ridículo, entonces es machista.

Además, no hace falta que seas dueño de un rocódromo o director de una federación para contribuir a que haya más mujeres en el entorno de la escalada. Te proponemos algunas ideas que sí podemos hacer para hacer de la escalada un espacio más libre de sexismo:

  • Ofrece consejos sobre las vías o bloques solo si te preguntan.
  • Revisa tus prejuicios. Dejemos que eso de que existen bloques de chicas o que las mujeres son más ágiles porque bailan muy bien (sí, parece que hay gente que aún piensa esas cosas) pertenezca ya al pleistoceno de la escalada.
  • Si no te sale un bloque que una mujer sí ha encadenado, no busques excusas. La explicación más sencilla es que lo ha escalado mejor que tú. Sobrevivirás.
  • Evita marcarte un mansplaining (o una machoexplicación, según la Fundéu), que viene a ser cuando un hombre da por hecho que una mujer sabe menos que él sobre lo que sea y va y se lo explica. ¡No gracias!

*Te has ganado tres puntos de princesa si sabías que Angy Eiter fue la primera mujer en encadenar un 9b en 2017, exactamente “La planta de Shiva”, en Málaga.

4 COMENTARIOS

  1. ¡Hola!
    ¡Muy bueno María!
    Imagino que como muchas/os de vosotras/os habéis viajado por medio mundo escalando (y si no ya estáis tardando), y por mencionar el último, en el viaje de escalada a Patagonia una cosa que me sorprendió (para bien) es ver una gran cantidad de cordadas femeninas, de nacionalidades argentina y brasileña principalmente. Esto me hizo pensar que es muy posible que en otros países ya esté asumido es cambio necesario y en España aún estamos a las puertas de verlo. ¿Qué opinas?

    Por otro lado, veo que el artículo se centra en gente que ya tiene un nombre en este pequeño (gran) mundo de la escalada…a lo mejor deberíamos también preguntar a esas mujeres que aun no se han animado a presentarse a las pruebas de acceso y sus motivos principales. Quizá sea un punto de comienzo para trabajar en la futura formación de técnicos. Ahí lo dejo…
    ¡Suerte y gracias por el artículo!
    Salu2

  2. Gracias Mery 🙏
    Muy buen articulo y muy bien escrito🙌❤️
    Empecé a escalar hace 20 años en Inglaterra… Recién salido del huevo me arrimé al club de escalada de la universidad buscando refugio y cariño…
    Y sí, lo encontré, además de una bonita relación con este deporte q ya llena la mitad de mi vida…
    Fueron Lyndy y Zoe las piezas clave de aquel enamoramiento… Dos chicas inglesas, dos guerreras escaladoras, dos motivadas incansables, dos sonrisas especiales y dos corazones admirables que hicieron mi camino más fácil…
    Fue poco después,en octubre del 2002, cuando los 3 puntos de princesa se los apuntaba la EscaladorA guipuzcoana Josune Bereziartu, con su “Bain de Sang, 9a”🙌💪😍
    Todavía recuerdo la pasión con la que leí la noticia y la admiración que me produjo!!!
    “Bain de Sang”, “Baño de Sangre” cuentan q toma el nombre del tamaño y la agresividad de sus diminutos agarres… pero metafóricamente bien puede recordarnos ese duro caminar que la vida y las estructuras sociales imponen a la mujer para llegar al mismo sitio…
    Una herencia de blancos y negros que nos invita a cada un@ a luchar por lo que sentimos más justo, más hermoso o más colorido…
    Hoy, como hace 20 años, sigo pensando que escalando, como en la vida misma, no existen diferencias entre hombres y mujeres… Las diferencias, creo, solo las marcan las exigencias concretas de las vías de máxima dificultad. Vias, en su mayoría, creídas y creadas por y para hombres…
    Es solamente una opinión, pero siento que es sólo cuestión de tiempo… Dentro de 20 años más mujeres creerán que todo es posible y, con ello, el cambio y los colores serán bienvenidos!!!
    Baño de Sangre con la muerte de algo ya obsoleto… Baño de sangre con la concepción de una forma más bella de relación entre seres humanos…
    Un abrazo fuerte guapisima😘☀️

  3. Hola, discúlpame si me equivoco, pero Sonia Casas no fué la primera mujer guía de alta montaña en España?? Es que decís en el artículo que Miriam es la única mujer en España y Sonia Casas Torcida fué la primera mujer en este país en ser guía de alta montaña.
    Excelente artículo!!!

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