En 1989 el sociólogo estadounidense Ray Oldenburg publicó «The Great Good Place» en el que explora el papel de los que llama «terceros lugares» como esenciales para la vida comunitaria y para evitar el aislamiento social. Nosotros, que somos muy de vernos, de hablar y de conectar, te contamos qué es un tercer espacio, por qué se están perdiendo y por qué Sputnik puede ser el tuyo.
¿Qué es un tercer espacio?
El tercer espacio es ese lugar social que no es la casa (primero) ni el trabajo (segundo) y en el que, sin embargo, las personas se reúnen de forma regular e informal, es decir, es un sitio en el que quieres estar y en el que sientes que formas parte de algo, conectas con el espacio, con la gente que lo habita.
Antes, sitios como los parques y los bares cumplían con este propósito, pero la realidad es que el mundo ha cambiado y también la forma de relacionarnos. Ahora, siempre nos falta tiempo: las ciudades han dejado de estar hechas para vivir en ellas (¿has oído hablar de las ciudades dormitorio?) y las pantallas nos hacen perdernos en el scroll y en el consumo rápido. Un like es suficiente para llamar la atención de alguien y el titular de una noticia nos sirve para “enterarnos de lo que pasa”. Es decir, cada vez tenemos menos oportunidades de tener una interacción con personas de carne y hueso. Y eso es una pena.
Nuestros abuelos tenían los bares a los que bajaban a tomar un chato de vino, a desayunar o echar la tarde jugando a las cartas y nuestras abuelas, se reunían en torno a los mercados y comercios. ¿Y tú? Tú tienes el roco. Te compartimos por qué creemos que Sputnik puede ser tu tercer espacio.
Un sitio en el que quieres estar
Porque cambia tu día, siempre para bien. Unos días vas para liberar estrés, otros a mantenerte ocupado. Hay días que te apetece mucho escalar y otros, simplemente vas a encontrarte con tu gente. No importa el motivo por el que hayas acabado aquí, pero llegas al roco y sabes que vas a salir un poco mejor.
Un espacio que sientes seguro
Nuestras instalaciones están pensadas para ser espacios amables, accesibles y seguros, más allá de la distribución física de los muros, el reparto de bloques o el mantenimiento del material. Son lugares donde todo el mundo tiene su hueco desde el respeto y la colaboración entre todas las personas que comparten el espacio.
En el roco entras a formar parte de una comunidad diversa, donde compartes experiencias, pegues y motivación con personas a veces muy distintas a ti, sin sentir presión, a tu ritmo. Así es cómo encuentras tu lugar dentro de esa comunidad.
Encuentras fácil relacionarte
Las conversaciones no se fuerzan, aparecen. El ambiente de disfrute, intereses y vocabulario comunes crean un espacio donde es fácil interactuar. Sí, son esos momentos en los que compartes la beta de un bloque o das las gracias por el porteo.
Muchas veces quizá no llegues a saber nada de las personas con las que hables, de algunas probablemente no sepas ni el nombre, pero te saludan al llegar y te despides de ellas al irte. Y eso es suficiente.
Y como no es lo mismo contarlo que vivirlo, la próxima vez que vengas al roco, deja el móvil en la taquilla y disfruta de tu ratito escalando o en La Cantina, ya verás como tu día cambia. Cuéntanoslo, que nos flipa.







