‘Tenéis que ver esto’. Lucía Gismero, nuestra compañera de Atención al Cliente, despliega un mapa sembrado de puntos rojos, como si alguien hubiera esparcido un bidón de simientes sobre el papel satinado. Cada uno de ellos marca uno de los millones de riscos que conforman La Pedriza y cada uno lleva su nombre. Un inconmensurable trabajo de reconocimiento del terreno y toponimia del paraíso del granito. Así llegó hasta nosotros el mapa de Desiderio Pérez, un pedritólogo enamorado.

Los mapas tienen algo fascinante, un poder magnético que te obliga a zambullirte en ellos y pasar horas y horas mirándolos. Como si así cada peñasco fuera a formar parte de tu ser, como si pudieras grabar su nombre y relieve en los recovecos de tu cerebro. Quizá sea porque al mirarlo te hacen sentir como uno de los buitres que sobrevuelan el terreno. Algo que ninguna experiencia de Google es capaz de alcanzar.

A Desiderio Pérez, autor de este mapa de los tesoros, se le juntaron dos circunstancias para llegar a concebirlo: una curiosidad incansable, fundada en la convicción de que los secretos de La Pedriza son infinitos, y una lesión de tobillo que, lejos de apartarle de sus pateos semanales por el Parque Nacional, le llevaron a definir el objetivo de levantar este plano. Pero, esperad, porque la historia viene de más atrás.

Tras los pasos de Clint

Al norte del pueblo de Manzanares el Real existe una explanada conocida como Los Rodajes. Ese fue el nombre que se le dio después de que aquel rincón se convirtiera en uno de los lugares preferidos para filmar westerns y películas de romanos entre la década de los años 30 y los 60. De hecho, fue en el 66 cuando Clint Eastwood se paseó por allí para grabar El bueno, el feo y el malo, de Sergio Leone.

Cambiando cabalgaduras por perros y pistolas por mapas, se cruzó por primera vez Javier Lozano, vecino del pueblo, con Desiderio. Aquel hombre, que no parecía para nada extraviado, iba preguntando lápiz en mano por la placa de Juanan. Mientras la mayoría de paseantes continuaba su camino sin poder diferenciar un cerro de otro, Javier se detuvo a hablar con el rastreador y le preguntó de nuevo por el risco que buscaba. “Busco la placa de Juanan”, respondió el hombre. Parecía cortés y animado y después de intercambiarse algunas indicaciones, que el caminante no olvidó anotar en su libreta, Javier le regaló un delirante mapa de La Pedriza que él mismo había dibujado a boli para su hijo (y que puedes adquirir aquí).

José, amigo de Desiderio, y María junto al mapa que Javier Lozano dibujó para su hijo.
José, amigo de Desiderio, y María junto al mapa que Javier Lozano dibujó para su hijo.

 

A partir de ese momento, Desi y Javier comenzaron a salir juntos a recorrer La Pedriza. Su propósito era dar con aquel callejón recóndito, con ese resquicio de mapa que pasaba desapercibido y que no tenía nombre. “No terminas de descubrir rincones curiosos y bellos”, dejó escrito Desiderio tras uno de estos paseos.

“Después de una ruta de 6 u 8 horas yo llegaba hecho polvo a Canto Cochino”, relata Javier el día que nos encontramos en Sputnik para enseñarnos el plano. “Sin embargo, Desi llegaba lleno de emoción y decía que podría volver a repetir la ruta en ese mismo momento”. Eso era Desiderio, puro entusiasmo.

Sueño inconcluso

Entonces fue cuando, en una de estas escapadas pedriceras, en el año 2016, Desi se rompió un tobillo. En lugar de deprimirse por no poder caminar, apareció con una idea que le haría motivarse aún más en sus excursiones: crear un mapa que recogiera todos los riscos de La Pedriza que había ido visitando durante sus salidas. Para recabar información, Desi buscaba referencias en otras cartografías, como el mapa de riscos de Josetxu Jimeno o el de Calecha, además del gusto recuperar el nombre de los riscos olvidados a los vecinos de Soto del Real o al forestal Alfonso Pozuelo, otro enamorado del lugar y autor de Nuevas leyendas de La Pedriza.

“La intención de Desi no era ganar dinero. Solo quería que cada uno de sus amigos tuviéramos una copia del mapa”, nos cuenta Javier. La réplica la da José, otro de sus amigos: “Era tan perfeccionista que es posible que jamás hubiera dado por terminado el trabajo de recopilar nombres de riscos”. Desi falleció a finales de marzo de 2020 y fue Loli, su compañera, quien recuperó este sueño inconcluso con ayuda de sus dos amigos.

Escalada a la cueva de las leyendas

La curiosidad de este cartógrafo vocacional era tal que apechugó con su miedo a las alturas y le pidió a Javier y José que le subieran hasta la Cueva de la Mora. Quería ver los tejos que crecen buscando la luz en su interior.

Los dos escaladores dudaban de si subir a su amigo por la vira por la que, según la leyenda, un hombre arrastró a su hija para evitar que diera rienda suelta a sus pasiones junto con su amante cristiano o si en cambio, llevarle por la Rosario, la vía que sigue un dique de aplita y conduce a la cueva de la manera más directa. Que fue la opción que escogieron.

Una vez alcanzó la boca de la cueva, Desiderio, que escalaba por primera vez a sus setenta y pico años y calzando unas botas de senderismo porque no tenían pies de gato de su talla, se dejó caer a la entrada de la cueva, blanquecino, mirando al cielo. Posiblemente fueron los únicos siete minutos en que sus amigos le vieron desinflado y vacío de energías.

Desiderio y Javier Lozano en la Cueva de la Mora (Pedriza) durante una de sus incursiones cartográficas.
Desiderio y José en la Cueva de la Mora (Pedriza) durante una de sus incursiones cartográficas.

 

La historia de los nombres

Boletus y Edulis, Cuestolotrónico, la Empanadilla o Espolón Extremaunción. Son nombres de riscos perdidos de La Pedriza que Desi fue apuntando en su cuaderno –hay vidas que no consiguen escapar al embrujo del papel– y que hablan del momento en que fueron bautizados, como la Naranja Mecánica; de las anécdotas sobre su ascenso, como el Mogote de los Suicidas; de la peculiar morfología de estas rocas, como ocurre con el Caballo de Ajedrez o del humor particular de quienes dieron nombre a las piedras, como el Cancho del Huevo Derecho.

A medida que el proyecto fue avanzando, Javier le regaló una lámina en blanco de un metro de largo para que pudiera pintar a rotulador cada risco y recoveco visitado para luego ir transportándolos a un mapa y de ahí, con ayuda de un vecino, digitalizarlos y dar lugar a la versión final. “Todo hecho bastante artesanal”, indica Javier. Al igual que dicen unos versos de Silvio Rodríguez: El sueño se hace a mano y sin permiso.

Desiderio Pérez trató de conocer hasta el último rincón de La Pedriza. En esta imagen toma un descanso frente a El Hueso.

 

Si tienes interés en el mapa creado por Desiderio, puedes conseguirlo en Lolini, en el pueblo de Manzanares el Real.

4 COMENTARIOS

  1. Tuve el enorme privilegio de ser amigo de Desi, un hombre con la inquietud de los sabios y el corazón de leon un hombre en el mejor sentido, bueno. Enhorabuena por el trabajo realizado que tantísimas veces nos relató

  2. Hola! Suuuper interesante, estaba siguiendo el último enlace para conseguir el mapa de Desiderio pero habéis enlazado sólo a la home de la librería. Sabéis dónde se le puede echar mano u ojo? Gracias!

  3. Un crack, enhorabuena a los que le pudisteis vivir de cerca, amigos así se recuerdan toda la vida. Desi no te olvidan, yo tampoco y te tuve de lejos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí