Subirse por edificios, fachadas, puentes, túneles… Aunque la escalada urbana puede parecernos una variante moderna derivada del búlder y los rocódromos, la realidad es que su historia se remonta más de un siglo y es tan variada que resulta difícil clasificarla como una única disciplina.

Lo que englobamos bajo el nombre de “escalada urbana” comprende actividades muy distintas. Puede abarcar desde entrenar en travesía por el muro de piedra del barrio a una competición de bloque en edificios de un casco histórico o hasta un solo integral por un rascacielos.

A veces la ciudad sustituye a la roca simplemente porque no hay montaña cerca; otras veces, la arquitectura es el objetivo en sí mismo. Y muchas veces es simplemente la ampliación del inútil pero adictivo juego de la escalada: ver un edificio y sentir el irresistible deseo de subirte por él.

Lo curioso es que nada de esto es especialmente nuevo. Mucho antes de que aparecieran los rocódromos modernos ya había escaladores subiéndose por las paredes —literalmente— en las ciudades.

Los escaladores de la noche de Cambridge

Uno de los inicios más fascinantes de la escalada urbana lo encontramos en Cambridge, esa ciudad inglesa conocida por sus universidades. Allí, desde finales del siglo XIX y  las primeras décadas del XX, algunos estudiantes desarrollaron una tradición conocida como night climbing o roof climbing: escalar de noche las fachadas, tejados, torres y chimeneas de los colleges o universidades.

El gran precursor fue el alpinista británico Geoffrey Winthrop Young, que publicó anónimamente hacia 1900 The Roof-Climber’s Guide to Trinity, una auténtica guía de escalada del Trinity College, y en 1905 Wall and Roof Climbing, donde ya daba instrucciones precisas para escalar los edificios.

Sputnik Climbing. The Night Climbers of Cambridge
Una imagen del libro ‘The Night Climbers of Cambridge’, de 1937.

La época dorada llegó en los años treinta y quedó inmortalizada en The Night Climbers of Cambridge, publicado en 1937 bajo el pseudónimo de Whipplesnaith. El libro es una mezcla insólita de guía, relato de aventuras y tratado informal de escalada. Sus protagonistas eran ante todo estudiantes y roof-climbers (escaladores de tejados), pero no montañeros. La nocturnidad tampoco respondía solo al romanticismo: era cuando cerraban las puertas de las universidades y los porteros acababan sus turnos cuando empezaba una segunda vida sobre los muros y tejados de Cambridge.

Su ética tenía sus propias reglas. Utilizaban zapatos flexibles de goma, e incluso escalaban descalzos, buscando dejar el menor rastro posible sobre la piedra. Solían moverse de dos en dos y la cuerda no gozaba precisamente de buena prensa: la reservaban para situaciones especialmente comprometidas porque consideraban que una dependencia excesiva de ella debilitaba la confianza del escalador. Pese a la imagen gamberra que pueda sugerir la historia, otra de las normas de la escalada nocturna es que se hacía sobrio: enfrentarse al miedo era parte esencial del juego.

Aquello era ilegal y las sanciones universitarias podían ser importantes. Ahí residía parte de su esencia: salir de la oscuridad, escalar y desaparecer de nuevo sin dejar huella. La escalada urbana ya tenía sus técnicas (escalada en tuberías, chimeneas…) y primeras ascensiones a edificios emblemáticos —como la Old Library, Senate House o el premio gordo: la King’s College Chapel, con casi 50 metros de fachada— cuando todavía faltaban décadas para que aparecieran los rocódromos modernos.

Los edificios como primeros rocódromos

Otra de las definiciones que puede aplicarse a la escalada urbana está relacionada con el entrenamiento y es que, antes de que llegaran los rocódromos, los escaladores buscaban en los ciudades lugares en las que fortalecer los antebrazos.
En concreto en España durante los años ochenta y comienzos de los noventa prácticamente no había lugares concebidos específicamente para entrenar escalada, pero el deporte estaba ya en plena expansión, con la escalada libre y deportiva dando grandes pasos.

La cuenta de Instagran TrepaMadrid reivindica el ámbito urbano como espacio de escalada.

Uno de los primeros edificios utilizados como entrenamiento fue el Dique de A Coruña, como nos contaba Celso Martínez “Finuco” en esta entrevista. Fue hacia 1979 o 1980 cuando Finuco, después de ver una una proyección de los hermanos murcianos García Gallego, decidió que quería escalar el Naranjo de Bules. Pero, para ello, tenían que entrenar, y el mejor lugar que encontraron fue el espigón coruñés, construido con piedra y hormigón y dividido por numerosas juntas de dilatación. De aquel singular gimnasio Finuco acabaría viajando, con 17 años, directamente a Yosemite para escalar la Nose. Unos años más tarde, en 1988, él mismo impulsaría en el frontón de Riazor, que se podría considerar como uno de los primeros rocódromos cubiertos de España.

Sputnik Climbing Dique Coruña Finuco
La pandilla del dique en 1981. Foto: Finuco

En los noventa Madrid tenía todo un catálogo de instalaciones igualmente heterodoxas. La Cuesta de la Vega fue uno de los grandes puntos de encuentro, aprovechando las juntas y relieves del muro de piedra. Allí empezó un jovencísimo Dani Andrada: él mismo cuenta que en ese muro dio sus primeros pasos antes de salir a la roca cuando tenía unos doce años.

A la lista se sumaban muros como los de la Herrera Oria, el Planetario o Manoteras, donde los escaladores se dejaban los dedos en las juntas y, sobre todo, formaban comunidad. También se empezaron a pegar piedras tanto en los mures como debajo de los puentes, como en el Puente de los Franceses, donde acudían los estudiantes antes de que se construyera la célebre “seta” de la Complutense.

Cuesta de la Vega. Sputnik Climbing
En la Cuesta de la Vega, el punto de encuentro de los escaladores madrileños en los 80 y comienzos de los 90. Foto de Curro González (en la imagen, Curro con 16 años) y su blog sobreescalada.com

Barcelona desarrolló posiblemente el ejemplo más conocido de todos: La Fuixarda. La antigua cantera de Montjuïc ya reunía escaladores cuando, en 1986, Manuel Sánchez “El Heavy” vio en aquel lugar una palestra perfecta. Consiguió una caja con unas cien presas, equipó una primera vía de 6b y comenzó una transformación que convertiría el túnel y sus alrededores en una enorme escuela urbana. Con la remodelación de la zona en torno a los Juegos Olímpicos de 1992, La Fuixarda acabaría consolidándose como uno de los grandes puntos de reunión de la escalada barcelonesa, que continúa hasta hoy en día.

Otro buen ejemplo lo encontramos en el histórico Puente de Triana, así como en otros edificios de Sevilla, donde la lejanía de la roca ayudó a incentivar la imaginación de los locales para encontrar rincones en los que saciar sus ansias de escalar. En esta ciudad la escalada urbana también llegó a su máximo apogeo con el Puente del Alamillo, diseñado por Santiago Calatrava para la Expo’92 que, tras su abandono, los escaladores transformaron en uno de los mayores rocódromos gratuitos al aire libre del país.

El célebre túnel de de La Fuixarda, en Barcelona, un ejemplo de transformación del paisaje suburbano.

Y en muchas otras ciudades los puentes, muros y esquinas de los edificios sirvieron para forjar a  toda una generación de escaladores. Muchos de ellos, ya talluditos pero con una motivación incombustible, todavía los recuerda con cariño —y probablemente sin nostalgia— cuando entrenan en los cómodos y climatizados rocódromos actuales.

El Spiderman francés y la escalada de grandes edificios

Pasamos ya a otra catalogación muy diferente de la “escalada urbana”, porque una cosa es utilizar un muro para entrenar y otra muy distinta abordar un rascacielos como si fuera una pared de escalada.

Nadie representa mejor esta disciplina que Alain Robert, también conocido como “el Spiderman francés”, que lleva desde los años 90 convirtiendo la escalada de rascacielos su especialidad y, con 64 años, sigue en activo. Generalmente escala en solo integral, es decir, sin cuerda, equipado únicamente con sus gatos y su bolsa de magnesio, agarrándose a los marcos de ventanas, juntas y relieves de las fachadas. Ha escalado más de un centenar de edificios  y una buena parte de sus ascensiones se han desarrollado sin autorización, por lo que ha sido detenido en multitud de ocasiones (él habla de más de 100 detenciones…) e incluso ha pasado por la cárcel.

Sputnik Climbing Alain Robert
Alain Robert es el gran precursor de la escalada de edificios en solo integral.

En su lista están algunos de los edificios más famosos del planeta, como el Empire State Building de Nueva York, las Sears Towers de Chicago, el Taipei 101 de Taiwán, la Torre Eiffel de París y decenas de otros rascacielos tanto en Europa como en Asia, Estados Unidos o Australia. En 2009, por ejemplo, culminó los 452 metros de las Torres Petronas tras dos intentos anteriores frustrados y acabó detenido por la policía malasia.

Los Wide Boyz bajo el puente

Otro ejemplo digno de mención es el que protagonizaron los británicos Tom Randall y Pete Whittaker, los Wide Boyz, que llevaron su obsesión por las fisuras hasta debajo de un puente de la autopista M5, en Devon, Inglaterra. Durante la pandemia descubrieron allí lo que llamaron The Great Rift: una fisura prácticamente horizontal de 750 metros y con dificultades que cotaron de hasta 8a+. Tardaron cuatro días y tres noches en completar semejante big wall bajo el puente.

Tom Randall y Pete Whittaker, los Wide Boyz Tackle, en ‘The great rift’ (5.13c) una brutal fisura de casi 800 metros de recorrido bajo el Cement Bridge, en Devon (UK). La escalada se inmortalizó en una pieza del Reel Rock 16.

Cuando Alex Honnold lo llevó a Netflix

La escalada urbana dio otro salto en enero de 2026, esta vez mediático. El oscarizado Alex Honnold escaló en solo integral el Taipei 101, 508 metros y 101 plantas, mientras Netflix retransmitía la ascensión en directo para todo el mundo. Honnold necesitó 1 hora y 31 minutos, moviéndose por una fachada de cristal y acero y enfrentándose al viento especialmente fuerte de la parte superior.

El círculo histórico resulta curioso: lo que los estudiantes de Cambridge hacían de noche para que nadie lo viera acababa convertido, más de un siglo después, en un espectáculo global en directo.

Alex Honnold Taipei. Sputnik Climbing

En los búnkeres alemanes

Nos trasladamos a Alemania, en concreto a los búnkers de la Segunda Guerra Mundial de distintas ciudades que han sido reutilizados para la escalada, como entrenamiento y también como objetivo en sí mismo. Entre todos ellos el caso más conocido es el de Humboldthain, en Berlín.

En sus grandes paredes de hormigón ya empezaron a acudir los alpinistas en los años 70 para entrenarse de cara a sus objetivos en los Alpes, utiizando los agujeros y relieves de sus muros. Después llegaron los anclajes y las presas artificiales y actualmente cuenta con más de 70 vías equipadas y está gestionado por el Club Alpino Alemán (DAV). Un vestigio bélico transformado en un auténtico rocódromo.

bunker berlin. Sputnik Climbing
Der Kegel, sobre un búnker antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial ubicado en el barrio de Friedrichshain de Berlín.

Competiciones en las ciudades

La arquitectura urbana ha sido utilizada igualmente como escenario para las competiciones de escalada.

En España hemos visto varios experimentos especialmente llamativos. En 2014, el Red Bull Creepers llevó el psicobloc al histórico puente de Puente la Reina, en Navarra. Se equipó una línea de aproximadamente 8b+ sobre el río y catorce figuras internacionales compitieron mediante duelos, entre los que se impuso el californiano Chris Sharma por delante del estadounidense Daniel Woods y del finlandés Nalle Hukkataival (no hubo categoría femenina).

El formato regresó en 2021 bajo el puente de Salamanca de Ávila, esta vez con dos líneas simétricas y el top a casi doce metros sobre el río Adaja. Los hermanos eslovenos Jernej y Julija Kruder se llevaron la victoria.

Más puramente urbano fue el Open Boulder Urbano de Morella, en Castellón, estrenado en 2018, que utilizaba murallas, portales y torres del casco histórico junto a una estructura portátil de competición.

Y en 2021 apareció Urbarock Potes, con bloques directamente sobre fachadas del casco histórico y una final con cuerda sobre uno de los puentes de la localidad cántabra. El concepto cuajó y la escalada urbana se ha mantenido dentro de las Jornadas de la Montaña Lebaniega, con nuevas ediciones en 2023, 2024 y 2025, figurando como una de las pruebas clásicas del programa.

Urbarock Potes. Sputnik Climbing
Urbarock de Potes (Cantabria) en 2021. En la imagen, Francisco Blanco, uno de los organizadores del encuentro, probando los bloques.

La competición devuelve así la escalada a la calle de una forma curiosamente parecida a sus orígenes: no se construye una pared que imite la roca, sino que se aprovecha la propia ciudad como pared.

Urban Climbing Torrejón. Sputnik Climbing

Próxima parada: Urban Climbing de Torrejón de Ardoz

La siguiente gran cita será los 17 y 18 de octubre de 2026 en Torrejón de Ardoz, donde se celebrará la primera edición del Urban Climbing Comunidad de Madrid.

Durante ese fin de semana se diseñarán más de 40 bloques, con dificultades aproximadamente entre 5 y 7C, repartidos por edificios, muros, arcos y rincones del casco urbano. Cada participante podrá diseñar su propia estrategia y tendrá un máximo de diez pegues por bloque, con jueces encargados de validar los encadenes. Habrá cinco categorías: Infantil, Juvenil, Absoluta Amateur, Absoluta Pro y +50.

La propuesta va bastante más allá de una compe. Están previstas exhibiciones, charlas de los hermanos Pou y del paraescalador Guillermo Pelegrín, actividades infantiles, música, DJ, gastronomía…

Sputnik Climbing instalará en el muro de las finales unos cuantos problemas de iniciación para que cualquier persona que se pase por la Plaza Mayor de Torrejón el sábado pueda probar la escalada en el mismo escenario donde se van a disputar las finales el domingo.

Atención porque los premios son muy golosos: además de bonos para los rocódromos Sputnik, habrá también material de La Sportiva, bicicletas, patinetes y motos eléctricas, dentro de una bolsa global anunciada de más de 50.000 euros. Más información en: Urban Climbing. (INSCRIPCIONES AGOTADAS)

Más de cien años después de aquellos estudiantes que esperaban a que el portero de Cambridge se fuera a dormir para escalar la fachada, la idea sigue siendo básicamente la misma: divertirse y subirse por donde se pueda, ya sean rocas, presas artificiales o edificios.

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