Los barrancos son entornos grandiosos, mágicos y, además, muy frágiles. Fauna, vegetación, geología, luz y agua establecen complejas relaciones que condicionan un ecosistema fascinante, muchas veces destruido o amenazado por el desconocimiento, el negocio sin escrúpulos y la falta de conciencia. Por ello, nuestra primera aproximación al barranquismo hemos querido hacerla desde el respeto y la admiración, relegando la cuestión deportiva a un segundo, o tercer, plano, y dejando claro cuáles deben ser ‘las reglas del juego’.

El planeta está lleno de ríos. Ríos sucios y limpios, grandes y pequeños, ríos en el llano y ríos que discurren en las montañas. Algunos de estos últimos transcurren por la roca y en ellos se desarrolla uno de los deportes más espectaculares que existen: el barranquismo.

Más que un deporte, una actitud

La grandeza del descenso de barrancos no estriba en su carácter deportivo, pues apenas existen posibilidades de mejorar nuestras metas y objetivos, no como en la escalada, donde tenemos algo llamado “grado” que marca una escala de dificultad, y a esto se le unen otras particularidades como compromiso, exigencia física, etcétera. En el descenso de barrancos la dificultad la marcan unos factores como el agua (exceso de agua), el carácter técnico (sobre todo verticalidad y maniobras técnicas) y el “compromiso”, que viene dado por el carácter del esfuerzo físico o aspectos como la ausencia de puntos de escape una vez comenzada la actividad. Y esto no da casi para establecer niveles de dificultad.

Un rincón mágico de un barranco de Pirineos. ©Dani Castillo
Un rincón mágico de un barranco de Pirineos. ©Dani Castillo

 

Pero el barranquismo tiene algo de lo que carecen muchos otros deportes: un entorno mágico como pocos. Rincones ocultos, aguas limpias y cristalinas, juegos de luces y sombras y… muchos, muchos seres vivos que necesitan de estos espacios, de estas aguas, para sobrevivir. Vegetación exclusiva de zonas húmedas y protegidas. Paredes verticales y solitarias donde las aves de roquedo ponen sus nidos. Todo eso es un tesoro, un tesoro frágil, difícil de conservar; un legado de valor incalculable.

Barranquismo deportivo

Dice un amigo mío (y si no lo dice, lo suscribo yo), que este deporte es un saco al que van a parar todos los polos opuestos que existen: acróbatas frustrados sin circo; cafres ávidos de gritos, saltos, toboganes y piruetas; montañeros cansados de sufrir; espeleólogos hartos de oscuridad, y escaladores que no quieren pasar más miedo. Hay de todo: amantes de la naturaleza, botánicos, hidrólogos, geólogos y ambientólogos. También algunos acomplejados que buscan popularidad liderando grupos y dándoselas de ser grandes deportistas por ser los primeros en saltar a un charco. De todo. Y ahí está el problema…

El salto, un medio habitual de progresión. A veces necesario, a veces no. Mejor hacerlo sin gritar ni tocar el fondo (Garganta del Ara, Sobrarbe). ©R. García
El salto, un medio habitual de progresión. A veces necesario, a veces no. Mejor hacerlo sin gritar ni tocar el fondo (Garganta del Ara, Sobrarbe). ©R. García

 

La fragilidad de un medio complejísimo

Los ríos en roca son un delicado ecosistema donde todo importa. El agua; el sedimento; la vegetación que con su acción constante va labrando caminos entre la roca con sus raíces; los anfibios y reptiles, dueños y señores de sus aguas… Las complejas relaciones entre todos no se conocen bien, pero existen. Algunas de ellas las vamos descubriendo los pocos que trabajamos en este medio. El tipo de roca controla la anchura del río (si es más blando y fracturado, será más ancho; si es más duro y compacto, más estrecho). En estas condiciones, la vegetación crecerá según la luz que es capaz de penetrar. En tramos anchos se acumulan más sedimentos, que permiten establecerse sobre ellos nuevas plantas y, de paso, a los anfibios y macroinvertebrados, que encuentran un lugar donde ubicar sus puestas. Si aumenta la vegetación, se rompe más la roca, se hace el río más ancho, se deposita más sedimento, hay más puestas de anfibios, crece más vegetación… Todo un círculo de complejas relaciones.

Progresión tratando de evitar entrar en una poza de un barranco. Remover las aguas o pisar el fondo de gravas supone un gran impacto para los anfibios.
Progresión tratando de evitar entrar en una poza de un barranco. Remover las aguas o pisar el fondo de gravas supone un gran impacto para los anfibios. ©Dani Castillo

 

Los humanos y ‘suputnik’ madre

En la isla de Creta, durante un encuentro internacional, pude entrar en uno de los barrancos más impresionantes que había visto en mi vida, el Cañón de Arvi. Sin agua, lleno de tubos de riego. Sin vegetación, sin vida. Era un paisaje muerto. Un esqueleto de lo que en su momento fue un cañón mágico.

El barranquismo no es capaz de tanto daño, pero sí de causar problemas importantes, sobre todo en aquellos lugares con elevada frecuentación. En la Sierra de Guara (Huesca) existen cañones en los que las esperas de “humanos” ávidos por bajarlos son de varias horas. Se calcula que algunos reciben más de 30.000 visitas al año. Normalmente ocurre en barrancos operados por empresas, y normalmente con mucho deportista novato. Un trasiego de gente que desconoce el medio, las formas y sus implicaciones. Gente gritando en cada salto, tirando papeles, pisando las barras de gravas, las tobas, las orillas.

Trabajos de caracterización geológica y biológica en los ríos en roca de un parque nacional. La progresión en el cañón se hace empleando métodos de fortuna, evitando instalar material nuevo.
Trabajos de caracterización geológica y biológica en los ríos en roca de un parque nacional. La progresión en el cañón se hace empleando métodos de fortuna, evitando instalar material nuevo. ©Dani Castillo

 

En el polo opuesto, hay zonas donde el barranquismo está prohibido, como el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (PNOMP). Con unos barrancos igual de interesantes que los otros, pero vivos. Con agua, con vegetación, con seres vivos aquí y allá. En ellos, para realizar investigación nos “obligan” a cumplir con determinadas normas para la protección, por ejemplo, de la rana pirenaica frente a la quitridiomicosis, hongo que le transmitimos los humanos por contacto. Normas que nos obligan a “fumigar” los trajes, a progresar intentando no pisar el agua, no remover los sedimentos… Los barrancos del PNOMP son un oasis en excelente estado de conservación.

Tratamiento de los neoprenos mediante Virkon, un potente desinfectante antibacterias, hongos y virus, empleado para proteger a los anfibios durante los trabajos en el PN de Ordesa y Monte Perdido.
Tratamiento de los neoprenos mediante Virkon, un potente desinfectante antibacterias, hongos y virus, empleado para proteger a los anfibios durante los trabajos en el PN de Ordesa y Monte Perdido.

 

En cierta manera, existe un poderoso símil entre la situación actual que sufrimos los humanos, acosados por el coronavirus y confinados en nuestras casas, y la de los anfibios de nuestros ríos, acosados por los humanos y confinados en zonas protegidas.

Acción-reacción: barranquismo sostenible

En estos tiempos en los que el ser humano se ha expandido, colonizando todo el territorio natural, con tanto auge de los deportes de “naturaleza o aventura”, no nos queda otra que ponernos las pilas y respetar nuestro entorno. Integristas los hay en ambos bandos: los que quieren seguir practicando la escalada o los barrancos a toda costa, cueste lo que cueste, y los que reclaman para el medio una protección total. Como deportista y científico me encuentro nadando entre dos aguas, y solo veo una solución posible: el deporte sostenible, responsable, respetuoso de las normas y del medio. Las prohibiciones ya han llegado y, si no reaccionamos positivamente, lo harán para quedarse. Y adiós al barranquismo.

Acciones de limpieza de basura en el barranco de Fago (Huesca) por parte de colectivos barranquistas.
Acción de limpieza de basura en la Foz de Fago (Huesca) llevada a cabo por el Centro de Espeleología de Aragon en 2004. ©Fernando Caro.

 

Se impone estudiar y valorar los impactos del deporte en el medio, clarificar las normas que afectan a empresas y particulares (códigos de buenas prácticas) y, por último, que las administraciones establezcan regulaciones dinámicas, y también prohibiciones (“santuarios de vida”). Es necesario, primero, que queden claras las reglas del juego y, segundo, RESPETARLAS.

José Ortega
Geólogo. Profesor en la Universidad Autónoma de Madrid. Investigador en ríos de montaña. Activista de la conservación del patrimonio fluvial. Barranquista, escalador patológico que sigue la máxima: “cuanto mejor, peor…”.

1 COMENTARIO

  1. Ignoraba está información.la verdad que es interesante poner unas pautas y reglas . Lo más importante sería concienciar a los nuevos practicantes y informar del daño que puede causar.
    Para jugar están los parques temáticos.

    Respeta si quieres ser respetado.
    Esta es mi opinión.
    Saludos.

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