En las montañas de la Comunidad de Madrid, escaladores y aves rupícolas llevan décadas compartiendo territorio. Y conseguir que esa convivencia funcione requiere algo más que normas: requiere conocimiento, seguimiento y, sobre todo, colaboración.

En ese punto de encuentro se encuentran los escaladores, las asociaciones y colectivos vinculados a la escalada, las organizaciones conservacionistas, la Administración y los agentes forestales. Porque conservar una pared no significa necesariamente dejar de escalarla. Muchas veces significa saber cuándo, dónde y por qué hay que dejarla tranquila.

Una regulación con historia

La regulación de la escalada en la Comunidad de Madrid no es algo que haya aparecido recientemente. Ya, desde la creación del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, se establecieron medidas destinadas a compatibilizar la actividad recreativa y deportiva con la conservación de los valores naturales del espacio.

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Gemma, agente forestal, durante un día de trabajo.

Con el paso de los años se fue adquiriendo un conocimiento cada vez mayor sobre las especies rupícolas y sus lugares de reproducción. Durante los años noventa y, especialmente, a partir de los años 2000, comenzaron a identificarse y señalizarse determinados nidos y sectores en los que se habían detectado molestias durante la época reproductora.

El objetivo era sencillo: proteger la reproducción sin convertir la montaña en un espacio cerrado

Con el paso de los años se fue adquiriendo un conocimiento cada vez mayor sobre las especies rupícolas y sus lugares de reproducción. Durante los años noventa y, especialmente, a partir de los años 2000, comenzaron a identificarse y señalizarse determinados nidos y sectores en los que se habían detectado molestias durante la época reproductora. El objetivo era sencillo: proteger la reproducción sin convertir la montaña en un espacio cerrado.

La expansión de la escalada en el medio natural y la posterior declaración del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama hicieron necesario continuar adaptando estas medidas. La Pedriza y La Cabrera constituyen dos de los ejemplos más representativos de esta convivencia entre una actividad deportiva con una enorme tradición y unos ecosistemas rupícolas de gran valor.

Las regulaciones permiten establecer restricciones temporales en determinados sectores o vías cuando existe una pareja reproductora y se considera que la actividad puede producir perturbaciones. Y aquí hay algo importante: no se protege una pared por el simple hecho de que haya un nido. Se protege un proceso reproductivo.

El trabajo que no se ve

Para establecer una regulación adecuada primero hay que saber qué está ocurriendo en las paredes y para eso está el trabajo de campo. Los agentes forestales realizan el seguimiento de las especies protegidas, localizando parejas reproductoras, comprobando la ocupación de los nidos, siguiendo la evolución de la reproducción y observando el desarrollo de los pollos hasta que finalmente abandonan el nido.

Agentes forestales en La Pedriza. Escalada y conservación Sputnik Climbing
Agentes forestales en La Pedriza.

En el caso del buitre leonado, este seguimiento permite conocer la situación de las colonias y detectar nuevos emplazamientos reproductores. Y este trabajo no se limita a La Pedriza: los agentes forestales realizan también el seguimiento de la especie en diferentes zonas de la Comunidad de Madrid, entre ellas la Sierra Oeste, el Valle del Lozoya, la Sierra del Rincón, la zona noreste de la Sierra de Madrid y La Cabrera, además de otros enclaves con presencia reproductora de la especie.

Este trabajo continuado permite conocer la evolución de las colonias y parejas reproductoras, localizar nuevos emplazamientos, comprobar el éxito o fracaso de la reproducción y seguir el desarrollo de los pollos hasta su vuelo.

Esa información resulta especialmente importante en aquellas zonas donde la reproducción coincide con actividades deportivas como la escalada, ya que permite adaptar las medidas de protección a la situación real de cada temporada.

En el caso de la colonia de buitre negro del Alto Lozoya, existe además una colaboración con SEO/BirdLife. Los agentes forestales del GIAM (Grupo de Intervención en Altura de la Comunidad de Madrid) desarrollan una parte fundamental del trabajo de seguimiento y marcaje de los ejemplares, en colaboración con SEO y con otros especialistas implicados en el estudio y conservación de esta importante colonia. Es un trabajo que muchas veces no ve quien llega a la montaña con una mochila y una cuerda. Pero detrás de una señal que indica que una vía está temporalmente restringida puede haber muchas horas de observación, seguimiento y comprobación sobre el terreno.

Los agentes forestales del GIAM desarrollan una parte fundamental del trabajo de seguimiento y marcaje de los ejemplares (…). Es un trabajo que muchas veces no ve quien llega a la montaña con una mochila y una cuerda

Cuatro grandes necrófagas

La península ibérica alberga cuatro grandes especies de rapaces necrófagas: buitre leonado, buitre negro, alimoche y quebrantahuesos. Aunque todas aprovechan la carroña, cada una ocupa un nicho diferente. No comen exactamente lo mismo, no utilizan los mismos lugares para reproducirse ni tampoco tienen los mismos ciclos biológicos. Esa especialización permite que diferentes especies aprovechen distintas partes de un mismo recurso.

Buitre leonado: el especialista de los cortados

El buitre leonado (Gyps fulvus) es probablemente la imagen que primero nos viene a la cabeza cuando pensamos en un buitre. Se trata de una especie fundamentalmente rupícola y colonial, estrechamente vinculada a grandes cortados rocosos donde instala sus nidos. Puede formar colonias numerosas y recorrer enormes distancias en busca de alimento.

Su dieta está formada principalmente por cadáveres de mamíferos medianos y grandes, tanto ganado como fauna silvestre. Su extraordinaria capacidad de vuelo le permite prospectar grandes extensiones aprovechando las corrientes térmicas con un gasto energético mínimo.

Buitre leonado Escalada y conservación Sputnik Climbing
Una imagen habitual en las zonas de escalada de la Sierra de Guadarrama: el buitre leonado

Su estrategia reproductora, sin embargo, es muy lenta. El ciclo comienza en invierno. Los vuelos nupciales y comportamientos de celo pueden observarse desde finales del otoño y durante diciembre, mientras que las puestas se concentran principalmente durante el invierno.

La pareja pone normalmente un único huevo, que es incubado por ambos progenitores durante aproximadamente dos meses. Después de la eclosión comienza un largo periodo de crianza. El pollo permanece durante meses en la plataforma hasta estar preparado para realizar su primer vuelo, generalmente durante el verano. En la Comunidad de Madrid es precisamente esta especie la que protagoniza buena parte de las regulaciones relacionadas con la escalada.

Un huevo. Una oportunidad

El hecho de poner un único huevo explica por qué la tranquilidad durante la incubación resulta tan importante. Los dos adultos se alternan para incubarlo. Si una perturbación provoca que el adulto abandone precipitadamente el nido, el huevo queda expuesto a las condiciones ambientales. Durante enero y febrero, especialmente en días fríos, una ausencia prolongada puede comprometer la incubación.

Para el escalador quizá solo haya ocurrido una cosa: un buitre ha salido volando. Para la pareja reproductora puede significar mucho más. Por eso resulta tan importante respetar las distancias y las restricciones desde el comienzo del ciclo reproductor.

Para el escalador quizá solo haya ocurrido una cosa: un buitre ha salido volando. Para la pareja reproductora puede significar mucho más

Cuando nace el pollo, el peligro no termina

La eclosión inicia otra etapa especialmente delicada. Durante sus primeras semanas el pollo depende completamente de los progenitores. Necesita alimento, protección frente a posibles depredadores y protección frente a las condiciones meteorológicas. Conforme avanza la primavera aparece además otro problema: el calor. Los cortados pueden alcanzar temperaturas muy elevadas y la presencia del adulto proporciona sombra y protección al pollo.

Si la aproximación de personas provoca que los adultos abandonen repetidamente la plataforma o retrasen su regreso, el pollo puede permanecer expuesto durante demasiado tiempo. Por eso las restricciones continúan después de la eclosión.

Tener plumas no significa saber volar

Existe además una última etapa que quizá sea una de las menos conocidas por quienes observan un nido desde fuera. Un pollo de buitre puede estar completamente emplumado y parecer prácticamente adulto y, sin embargo, todavía no estar preparado para volar.

Pollo de buitre negro Escalada y conservación Sputnik Climbing
Pollo de buitre negro

Durante las últimas semanas permanece en la plataforma ejercitando las alas y desarrollando la musculatura y la coordinación necesarias para controlar un cuerpo grande y una enorme superficie alar. Una perturbación importante puede provocar que un pollo salte prematuramente.

Y si todavía no dispone de la musculatura o de la coordinación necesarias, puede acabar precipitándose, golpeándose contra la pared o llegando al suelo sin capacidad suficiente para remontar. Por eso la protección debe mantenerse hasta que los jóvenes vuelan de forma natural.

En el caso del buitre leonado esto puede prolongarse hasta finales de julio. En el buitre negro el ciclo es todavía más largo y los jóvenes pueden permanecer ligados al nido hasta fechas próximas a septiembre. Las restricciones pueden parecernos largas desde nuestra escala temporal; desde la del buitre son simplemente el tiempo que necesita para criar un pollo.

Buitre negro: el gigante forestal

El buitre negro (Aegypius monachus) es la mayor de las rapaces necrófagas europeas.,A diferencia del buitre leonado, no está tan vinculado a los cortados para reproducirse. Instala sus grandes plataformas principalmente sobre árboles en masas forestales maduras y tranquilas. En España mantiene algunas de sus poblaciones más importantes y en la Comunidad de Madrid destaca especialmente la población del Alto Lozoya.

Buitre negro. Escalada y conservación Sputnik Climbing
Buitre negro.

Su alimentación se basa en carroña, aunque su pico le permite aprovechar tejidos más duros que otras especies. Consume cadáveres de diferentes tamaños, desde pequeños mamíferos hasta ungulados.

Su reproducción es extraordinariamente lenta. La pareja realiza una puesta de un solo huevo y el pollo necesita varios meses antes de estar preparado para volar. Precisamente por ese ciclo tan largo, el seguimiento continuado resulta fundamental.

En el Alto Lozoya, los agentes forestales realizan labores de seguimiento y marcaje, en colaboración con SEO/BirdLife, dentro de un trabajo continuado que permite conocer la evolución de esta importante población.

Alimoche: el viajero

El alimoche común (Neophron percnopterus) es bastante más pequeño que los dos buitres anteriores y posee una estrategia ecológica diferente. Gran parte de la población ibérica es migradora. Los ejemplares pasan el invierno principalmente en África y regresan a la península durante la primavera para reproducirse.

Alimoche Escalada y conservación Sputnik Climbing
Alimoche.

Ocupa paisajes abiertos próximos a cortados y roquedos, donde instala sus nidos. Es además el más oportunista de nuestros buitres. Consume pequeñas carroñas y restos de animales, pero también huevos, insectos y otros recursos. Normalmente pone uno o dos huevos, y los jóvenes permanecen en el territorio de cría hasta estar preparados para iniciar la migración.

En la Comunidad de Madrid su presencia reproductora es mucho menos representativa que la del buitre leonado o el buitre negro, lo que hace especialmente interesante cualquier información relacionada con la especie.

Quebrantahuesos: cuando quedan los huesos

El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) representa quizá la especialización más extraordinaria de las cuatro especies. Está ligado fundamentalmente a grandes sistemas montañosos y cortados rocosos. En España su principal población reproductora se encuentra en los Pirineos, aunque los programas de conservación y reintroducción han permitido recuperar su presencia en otras cordilleras. En el Sistema Central su presencia es mucho más ocasional y corresponde fundamentalmente a ejemplares en dispersión o paso.

Quebrantahuesos Escalada y conservación Sputnik Climbing
Quebrantahuesos.

Su dieta lo convierte en un animal excepcional. Cuando otros carroñeros han aprovechado las partes blandas de un cadáver, el quebrantahuesos puede alimentarse de los restos óseos. Los huesos demasiado grandes son transportados y lanzados sobre zonas rocosas para fragmentarlos y poder ingerirlos.

Su ciclo reproductor comienza muy pronto, durante el invierno, y también es extraordinariamente largo. Es el último eslabón de una cadena de aprovechamiento de la carroña en la que cada especie tiene su función.

Los sanitarios de nuestros ecosistemas

Los buitres no son simplemente animales que comen cadáveres. Cumplen una función ecológica esencial. Al eliminar rápidamente la carroña reducen el tiempo que los cadáveres permanecen en el medio y aceleran el reciclaje de nutrientes. En ecosistemas con abundante ganadería extensiva y poblaciones de ungulados silvestres, este servicio resulta especialmente importante.

Los buitres no son simplemente animales que comen cadáveres. Cumplen una función ecológica esencial

Además, las distintas especies pueden aprovechar diferentes partes del cadáver. El buitre leonado consume rápidamente gran parte de los tejidos blandos; el buitre negro puede acceder a tejidos más resistentes; el alimoche aprovecha pequeños restos y recursos que otros dejan atrás; y el quebrantahuesos culmina el proceso aprovechando incluso los huesos. Una auténtica brigada natural de reciclaje en la que prácticamente nada se desperdicia.

Escaladores que también conservan

La conservación de estas especies no depende únicamente de la Administración. Durante años ha existido una importante colaboración entre los agentes forestales y el colectivo escalador para mejorar el conocimiento y el cumplimiento de las regulaciones.

cajas nido cuenca Escalada y conservación Sputnik Climbing
Escaladores instalan cajas nido en las hoces de Cuenca

En la Comunidad de Madrid, la desaparecida Escalada Sostenible desempeñó un papel relevante en esta comunicación y sensibilización. Posteriormente, esa colaboración ha continuado con otras organizaciones, colectivos y, sobre todo, con numerosos escaladores a título individual. Y quizá uno de los mejores indicadores de que algo está cambiando sea precisamente este: cada vez son más los propios escaladores quienes avisan cuando detectan un nido o una pareja reproductora en una zona que todavía no está señalizada.

Ese aviso permite comprobar la situación, realizar el seguimiento y, cuando resulta necesario, establecer medidas temporales de protección. El escalador deja entonces de ser únicamente el destinatario de una regulación para convertirse en parte activa de la conservación.

cada vez son más los propios escaladores quienes avisan cuando detectan un nido o una pareja reproductora en una zona que todavía no está señalizada

La regulación funciona mejor cuando se entiende

Como sucede en cualquier actividad, existen excepciones y personas que incumplen las normas, pero la realidad general es mucho más positiva. Las regulaciones son cada vez más conocidas entre los escaladores y existe una mayor conciencia sobre la necesidad de respetarlas y explicar por qué se regula resulta fundamental.

Cartel prohibicion patones Escalada y conservación Sputnik Climbing
Cartel de regulación en el Pontón de la Oliva.

Una cinta o un cartel que simplemente dicen «prohibido escalar» pueden generar rechazo. Entender que unos metros más arriba existe un único huevo incubándose en enero, un pollo que necesita sombra durante una tarde calurosa de junio o un joven completamente emplumado que todavía no está preparado para lanzarse al vacío cambia completamente nuestra percepción. No estamos protegiendo una roca: estamos dando tiempo a un animal para completar su ciclo reproductor.

La misma pared, dos historias

Quizá la próxima vez que lleguemos a una pared de La Pedriza o de La Cabrera podamos mirarla durante unos segundos antes de sacar la cuerda. Para nosotros puede ser una línea que llevamos tiempo queriendo escalar; para una pareja de buitres puede ser el lugar que ha elegido para intentar sacar adelante a su único pollo. Y para los agentes forestales puede ser uno de los muchos puntos de una enorme red de territorios, parejas y nidos que se siguen temporada tras temporada. Son formas distintas de mirar la misma montaña y la clave está precisamente en conseguir que ninguna tenga que desaparecer.

GREFA águila perdicera Escalada y conservación Sputnik Climbing
Trabajo de GREFA con el águila perdicera

Cuando un escalador respeta una restricción temporal, cuando comunica la presencia de un nuevo nido, cuando los agentes forestales realizan su seguimiento y cuando organizaciones y colectivos colaboran para difundir esa información, todos participan en el mismo objetivo: dar a estas especies el tiempo y la tranquilidad que necesitan.

Después llegará el día en que el joven buitre se coloque en el borde de la plataforma, abra las alas, las pruebe una vez más y finalmente se lance. Entonces esa pared habrá cumplido también su función como nido y seguirá ahí para nosotros.

Porque conservar y escalar no deberían ser dos formas enfrentadas de entender la montaña, sino dos maneras de aprender a compartirla.

Gemma Merelo, agente forestal de la Comunidad de Madrid