Conversamos con Guy Mevellec, guía de alta montaña, profesor de esquí y asiduo de Sputnik Las Rozas, que a sus 70 años sigue activo y transmitiendo su pasión en los rincones más bellos del planeta.

Es temprano un día entre semana y Guy llega tranquilo a La Cantina de Sputnik Las Rozas. Nunca baja directamente a las vías. Saluda al equipo, da la mano a sus amistades (todo el mundo) y charla un rato con las personas que, a primera hora, nos reunimos alrededor de nuestros cafés. Guy es un guía de montaña francés infiltrado desde hace años en la comunidad escaladora de la sierra de Madrid que, en este tiempo, se ha convertido en un completo pedricero (con acento del norte de Fancia eso sí). Sus visitas son muy esperadas porque siempre resulta un regalo charlar un rato con alguien que ha vivido en primera persona la profesión de guía durante 50 años y que aún continúa activo, y también porque Guy ha participado activamente en la evolución del alpinismo moderno, el nacimiento de la escalada deportiva y la llegada del estilo ligero a las montañas técnicas de Himalaya.

Guy Mevellec Sputnik Climbing
El esquí de montaña, una de las pasiones de Guy.

Guy, naciste en Bretaña, tierra de mar, no de montaña. ¿Cómo fue tu infancia?
Crecí en el campo bretón, un entorno muy natural. Sin embargo, he sido siempre de espíritu inquieto y aventurero, lo que me ha llevado a explorar más la montaña que el mar. Desde adolescente fui muy deportista, competía en varias disciplinas en las que solía ganar a mis compañeros [ríe]. Eso me dio confianza y una base atlética que más tarde me sirvió mucho en la montaña. Además de cierto talento innato para la orientación e instinto de supervivencia.

¿Recuerdas tu primera gran experiencia en la alta montaña?
Sí, perfectamente. Fue en 1969, en el Pirineo francés. Subí mi primer 3000, el Néouvielle, lo cual me llenó de entusiasmo y excitación. Como anécdota curiosa, fue ese mismo día en que Armstrong pisaba la Luna, solo que, mientras el mundo miraba hacia arriba, yo también hacía mi propia conquista y sin salir en ningún telediario.

¿Cómo pasaste de la afición a convertirte en guía de montaña?
Después de coronar el Néouvielle, durante varios veranos repetí en los Pirineos, escalando sus cumbres más emblemáticas y a finales de los 70 decidí formarme en la Escuela Francesa de Guías de Alta Montaña, en Chamonix. Con el título en mano, en los 80, empecé a guiar clientes en los Pirineos y los Alpes, siempre con preferencia por el estilo alpino ligero, evitábamos los vivacs en grandes paredes, buscando velocidad y eficiencia. Era una filosofía que nos diferenciaba y que quisimos llevar a las grandes cordilleras.

Guy Mevellec Sputnik Climbing
Delante de la Brecha de Rolando (Pirineos).

Ese estilo os llevó al Himalaya, ¿no?
En 1982 escalamos el pilar sur del Pumori, un satélite del Everest, en siete días. Más tarde, en 1985, repetimos la vía Estrella Imposible en el Baghirathi III, en India. Fueron diez días de pared, 48 largos y 45 rápeles. Experiencias intensas que exigían compromiso absoluto.

También fuiste testigo del nacimiento y la evolución de la escalada deportiva.
Así es. En los años 80 seguimos explorando y equipando nuevas vías en lugares como Verdon, y cerca de casa abrimos vías deportivas como Pene Haute para subir el nivel antes de que llegaran las competiciones. Luego, con la película de Patrick Edlinger, La vie au bout des doigts, de repente todo el mundo descubrió la escalada. La demanda creció y yo aproveché para llevar a mis clientes en viajes por todo el mundo: Jordania, Grecia, EE.UU., España… Fue una época dorada: estaba en plenitud física, contaba con la formación adecuada, era reconocido como profesor en la Escuela Nacional de Chamonix y dominaba el inglés. Todo ese conjunto me permitió aprovechar al máximo las oportunidades de aquel momento.

Además de la escalada deportiva, en esa época también me dediqué al esquí extremo, junto a mi amigo Serge Casteran. Con él participé en la liberación de vías míticas en los Pirineos y los Alpes. Serge era el maestro, el líder, escalando en libre vías de artificial muy técnicas y, en ocasiones, incluso en solitario en alta montaña. Su manera de enfrentarse a la roca y a la montaña influyó profundamente en mi propia forma de entender la escalada y el alpinismo.

Guy Mevellec Sputnik Climbing
Con un cliente un tanto… especial.

En los 90 llegó el boom del barranquismo y más tarde los rocódromos. ¿Cómo viviste esos cambios?
Al principio con cierta nostalgia, porque la montaña dejó de ser un terreno reservado a unos pocos y empezó a masificarse. Eso nos obligó, a los guías profesionales, a adaptarnos. En Chamonix, por ejemplo, en verano había que dejar las clásicas situadas cerca de los remontes, ya saturadas, y proponer marchas más largas, incluso con vivac, para alcanzar vías menos recorridas. En invierno buscábamos valles solitarios, a veces llegando con bici para ir más lejos. La clave ha sido siempre reinventarse y, cuando es posible, reducir nuestra huella de carbono: más a pie o en bici, y menos con remontes.

¿Qué destacarías de tu época a partir del año 2000?
A partir del año 2000 he tenido la oportunidad de llevar a mis clientes a lugares impresionantes por todo el mundo: Perú, con el Alpamayo y la Esfinge; Argentina, en la Patagonia, la zona del Fitz Roy y Bariloche; Chile, con las Torres del Paine; Namibia, escalando en Spitzkoppe; Canadá, en British Columbia, donde en invierno realizamos cascadas de hielo, esquí de travesía y heliesquí. También llevé a clientes a esquiar a Noruega y Japón… un sinfín de destinos apasionantes que me han permitido seguir explorando la montaña en todas sus facetas.

Todas estas experiencias también me han permitido recoger los frutos de muchos años de enseñanza y formación profesional. Cada viaje no solo ha sido una aventura, sino una oportunidad para transmitir conocimientos, compartir la pasión por la montaña y aplicar todo lo aprendido durante décadas en terrenos y condiciones muy diversas.

Guy Mevellec Sputnik Climbing
El Dent du Géant al fondo, en los Alpes franceses.

Hace 20 años cambiaste parte de tu vida por amor y viniste a Madrid. ¿Qué te aportó ese cambio?
Conocí a una madrileña y me instalé en Colmenar Viejo una parte del año. No me arrepiento: descubrí una región preciosa que he podido explorar en detalle, como La Pedriza, que veo desde la ventana de donde vivo. Además, mejoré considerablemente mi español y confirmé la hospitalidad y simpatía sin igual de los españoles.

También conocí a Carlos Ruiz Snoopy, “el rey de La Pedriza”, quien me convirtió en un pedricero aceptable. A Carlos me une una gran amistad de ya 20 años, y gracias a él he podido integrarme plenamente en la comunidad local de escaladores.

Has participado en la creación de guías de escalada en los Pirineos. ¿Qué impacto han tenido en la región?
Después de diez años de la edición de Grimpe en Vallées d’Aurea e du Cinca, quisimos actualizar y ampliar el proyecto con Escaladas pirenaicas, que ahora cubre los valles de Aure, Adour y Cinca. Todos los ingresos de la primera guía se reinvirtieron en mejorar el equipamiento de las paredes, lo que permitió que los equipadores desarrollaran nuevos sectores y mejoraran los ya existentes. Lugares como Rincón de Sin, Ourde, Pene Médians o La Mongie se beneficiaron enormemente. Además, la guía amplía la zona hacia Barousse y Adour, ofreciendo a los escaladores un recurso más completo y actualizado.

Guías escalada Pirineos. Guy Mevellec Sputnik Climbing
Estas son las dos últimas guías en las que ha colaborado Guy. Puedes encontrarlas en la Librería Central de Aínsa y en el hostal de Salinas (Huesca). “Grimpe Pyrénéenne – Pays des Nestes, Adour, Sobrarbe” incluye las zonas de escalada de los valles de Aure y Louron, la Barousse, las Baronnies, el Comminges, Adour y el Sobrarbe (en el Alto Aragón) y se puede pedir directamente a la Librería Desnivel.

A esto se suma la segunda edición de la guía Escalades à Cap de Long, con sectores situados a más de 2.000 metros de altitud, lo que la convierte en un lugar privilegiado para el verano, con vistas excepcionales. Además, cuenta con espacios adaptados para autocaravanas, facilitando la estancia de quienes se acercan a escalar.

Con estas nuevas guías, nuestro objetivo es ofrecer a los escaladores un camino armonioso, basado en el respeto por los lugares y por todas las personas que, con el tiempo, han contribuido a promover esta actividad delicada: la escalada en el medio natural.

A tus 70 años sigues en activo, ¿cuál es tu secreto?
La pasión por la montaña. Mientras mi cuerpo me lo permita, quiero seguir compartiendo la montaña con la gente. Ahora voy más calmado, claro, pero sigo soñando proyectos.

En cuanto a mi secreto, me identifico mucho con la famosa frase de Clint Eastwood que más o menos dice: “Mantengo a raya al viejo”. Yo añadiría, a su vez, que también intento controlar al joven impulsivo que sigo llevando dentro. En resumen, que ni entre el viejo ni salga el joven… ¡jajaja!

Guy Mevellec Sputnik Climbing
Durante una de nuestras frecuentes charlas en Sputnik Las Rozas.

¿Qué es lo que más ha cambiado desde que comenzaste?
Rápidamente diría que el cambio más visible es el retroceso de los glaciares. He visto a varios desaparecer ante mis propios ojos, y eso, sinceramente, “no mola”. La montaña ya no es la misma: rutas clásicas que antes eran de hielo ahora son de roca suelta, los accesos se complican y a veces hay que cambiar por completo el itinerario. Todo esto nos obliga, como guías, a adaptarnos constantemente: buscar nuevas alternativas, alargar las aproximaciones, incluso replantear la manera de transmitir la experiencia a los clientes. La montaña cambia, y con ella tenemos que cambiar nosotros.

Es una profesión muy idealizada, existe una concepción romántica del guía de montaña. ¿Qué hay de realidad en eso?
En Francia, donde la profesión tiene más de 250 años de tradición, siempre ha existido esa imagen romántica del guía como un personaje casi mítico, el que abre caminos y conduce a otros con seguridad. Cuando yo empecé, viviendo en el Pirineo, apenas éramos cuatro guías de alta montaña, junto con un profesor de tenis y otro de natación en el pueblo. Hoy, en ese mismo lugar, puede haber alrededor de 200 titulados en distintas actividades deportivas. Esto ha cambiado mucho la percepción: antes el guía de alta montaña era visto como “el rey de la montaña”, una figura central; ahora somos un titulado más dentro de una amplia oferta. La profesión sigue siendo apasionante, pero ya no ocupa ese lugar exclusivo ni mítico de antaño.

¿El próximo reto?
Actualmente me estoy preparando físicamente para viajar a Chile y esquiar los volcanes de la zona de región de Araucania, y después iremos a Brasil para escalar el Pan de Azúcar en Río de Janeiro. La aventura nunca termina. Proyectos diferentes, pero la esencia sigue siendo la misma: vivir la montaña con intensidad y respeto.

¿Cómo te gustaría terminar esta entrevista, querrías añadir alguna frase inspiradora para los amantes como tú de la montaña? 
Para terminar diría que me siento afortunado de haber participado en la evolución del alpinismo moderno, desde el hielo clásico hasta el estilo ligero en el Himalaya y la escalada deportiva en todo el mundo. Pero, al final, ser guía de montaña siempre ha significado lo mismo: acompañar, transmitir y adaptarse a una naturaleza que nunca deja de cambiar. Definitivamente, la montaña ha sido mi escuela de vida.

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